jueves, 18 de marzo de 2010

" Es lo que acelera mi corazón y manifiesta la fuerza en mi rostro; es para muchos, la incotenible necesidad de sentirse atado y condenado a los ritmos, no importa si todo lo provoca la efervescencia de una guitarra eléctrica o la complejidad de las orquestas: es el gusto excesivo por la música"

Elsa Vázquez

miércoles, 17 de marzo de 2010

Me soy inesperado


Es que nada pasa por aquí, esto es tan estático como cualquier planta en cualquier corredor; súbitamente, mi mente comienza a trabajar, al mismo tiempo que el grito del señor del gas me dice que algo va a explotar. Su grito es tan prolongado que empieza a preocuparme la razón en el tiempo; pero ahora no deja de provocarme mi lascivia ni una taza de café. Seguramente no he comido suficiente sacarosa o me hace falta sudar al extremo; y es que... es la irritabilidad de las horas.
Tengo claro, que para seguir aquí es necesario abandonar toda clase de experiencia; de vez en cuando, es bueno encontrarse entre nuevas manos, nuevas bromas, nuevas piernas; deliciosas intervenciones que nos da la presencia, la compañia, la charla y por qué no, el otro yo que se parece tanto a mi y que comparte un mismo corazón.

Yeztli

viernes, 12 de marzo de 2010

Suéltate



Déjate; los sueños nos acercan a lo que deseamos y tienen el don de volverse realidad.
Mira por encima de las livianas nubes; llévate la química del Universo: compuestos, reacciones; todo lo que termine en colisión. Suéltate, estás soñando; mírate In carne e ossa.

Yeztli

lunes, 11 de enero de 2010

Autótrofo

5:45 y la máquina de escribir seguía corriendo; nunca pudo hallar el tope de su capacidad. Las palabras sugeridas por esa mente se extendían hasta fulminar la fuerza de sus miembros, – Voy a cortarme otro dedo, así serán menos; tengo que ser más rápido.
Ya había dicho las frases más célebres: la velocidad en su lengua había alcanzado el corte de la navaja; ahora, era la escritura. Escribía acerca de animales: semejanzas y características. Dos horas de letargo le produjeron una cicatriz irremediable en los párpados, pero su fijación estaba en la tinta y el papel.
Cuando se iba la luz del sol, frenó todo. No pudo ponerse de pie, le faltaba el talón izquierdo y la planta del pie derecho: optó por quedarse inmóvil, esperando a que le sobrase algo en el pecho y arrancase el corazón.

Yeztli